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Un Imperio a la Sombra


Actualidad

11/30/2012, midnight
Un Imperio a la Sombra

Sentados sobre unos troncos, a la sombra de una docena de olivos, alcanzamos a ver los tejados del pueblo de Tzint-zuntzan. De frente, el Lago de Pátzcuaro luce imperturbable; a nuestras espaldas, las yácatas se mantienen férreas ante el paso del tiempo. Estas plataformas escalonadas resultan el escenario propicio para escuchar la historia del Imperio Purépecha.

Tariácuri es el protagonista. Según relata el guía, a este cazonci (rey, y al mismo tiempo, gran guerrero y sacerdote) se le atribuye la consolidación y expansión de la monarquía que gobernó entre los siglos 15 y 16 todo lo que desde aquí se admira. Y mucho más allá.

Este hombre inspiraba miedo: era tan hábil con el arco que podía derribar un pájaro sin matarlo, y además, fue capaz de asesinar a dos de sus hijos; sus enemigos huían con sólo escuchar su silbato, que simulaba el chillido de un águila. Contrario a la costumbre, él nunca se emborrachaba. Hacía favores y daba consejos, según lo describen los historiadores

Logró unificar pueblos y señoríos, conquistar la tierra que amaba y también previo el futuro. Tariácuri dividió el reino en tres capitales para heredar a sus descendientes. A su hijo Hiquingare le dio su señorío: el de Pátzcuaro. A sus sobrinos Tangaxoan e Hiripan les asignó Tzint-zuntzan e Ihuatzio, respectivamente.

Este linaje gobernó lo que hoy conocemos como Michoacán y se ganó un lugar en la historia porque resultó el único que logró vencer a los aztecas; aunque no sucedió lo mismo con los españoles. En 1522, la Conquista marcó el fin de su reinado.

Hoy los restos de este imperio prácticamente pasan desapercibidos a los ojos de los exploradores, deslumhrados por las zonas mayas y aztecas.

En total hay 45 sitios arqueológicos identificados en todo el estado, nada más seis de ellos abiertos al público. Sin embargo, poco a poco van recibiendo reconocimiento internacional y el número de turistas que llega desde los Estados

Unidos va en aumento.

Sólo quedan vestigios de dos capitales del imperio: Tzintzun-tzan e Ihuatzio; en Pátzcuaro sobrevive el recuerdo de Tariácuri, quien se convirtió en un personaje destacado en la literatura colonial.

La verdadera riqueza de este pueblo era otra: ciudades de piedra construidas en puntos estratégicos, sobre los cerros o a las orillas de lagos, que ofrecen el mejor paisaje.

Así, desde cualquiera de ellas, se puede imaginar a Tariácuri y al resto de los señores purépechas admirando su imperio.

Ceremonia ancestral

Los purépechas conservan una tradición que ha sido reconocida este mes por las Naciones Unidas como Patrimonio de la Humanidad: la Ofrenda a las ánimas, que la mayoría conoce como Noche de Muertos.

Los pueblos de la zona lacustre de Pátzcuaro se prepararon para recibir el 1 y 2 de noviembre no sólo a las almas de sus muertos sino también a 100 mil visitantes que llegaron desde 34 países.

Ante el esplendor colonial de su capital, la magia de sus pueblos y la gastronomía reconocida como Patrimonio de la Humanidad, la historia pre-hispánica de Michoacán, preservada en sus sitios arqueológicos, parece haber palidecido.