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El Final de Una Era


Actualidad

2/15/2013, midnight
El Final de Una Era

Un Papa, solo, anciano y muy enfermo, sorprendió al mundo católico en la mañana de este lunes 11 de febrero, tomando una decisión prácticamente inédita en la historia de la Iglesia católica. Benedicto XVI abandonará el Pontificado el próximo 28 de febrero. En Brasil, México y Estados Unidos, los países con más católicos del mundo, la noticia aún causa conmoción.

El Papa dijo que, debido a su edad, ya no tiene la fuerza para seguir en el cargo. A partir de las 20.00 horas del 28 de febrero habrá "sede vacante" hasta la elección de un nuevo Papa.

Benedicto XVI seguirá viviendo en el Vaticano y no participará en el cónclave. Cuando los 118 Cardenales elijan a su sucesor, se mudará a la residencia de verano y después se retirará a un convento con un cargo de Obispo emérito. El Papado de Joseph Ratzinger pasará a la historia por sus intentos —tardíos pero sinceros— de limpiar la imagen

de la Curia y de la Iglesia, mancillada por los miles de casos de abusos a menores ocurridos en los últimos 50 años en instituciones y colegios católicos de medio mundo, y por la sistemática tarea de ocultación que emprendió la jerarquía durante el reinado de Juan Pablo II.

Es verdad que Ratzinger fue el brazo teológico de Wojtyla, pero mientras el Papa estuvo vivo la consigna fue tapar y proteger a las ovejas descarriadas, y sobre todos ellos al líder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, inmune a toda condena pese a la tímida oposición de Benedicto XVI, que solo pudo poner orden cuando llegó al trono de San Pedro.

La Curia, para muchos digna de El Padrino III siempre vio con malos ojos los intentos de Ratzinger de hacer una limpieza a fondo, mientras los movimientos más pujantes y rentables, como los Legionarios, y el Opus Dei, torpedeaban a conciencia cualquier atisbo de regeneración

El papado de Ratzinger, en ese sentido, ha sido un fracaso: pese a las críticas, su honestidad intelectual es indiscutible, pero al final ha estado muy por encima de los resultados obtenidos. Los lobos han ganado la partida, pero su renuncia, meditada para evitar un segundo calvario en directo como el vivido con la interminable agonía de Juan Pablo II, sitúa a Benedicto como un pastor derrotado y coherente que, harto de luchar, se retira a la clausura antes de ser devorado por los buitres.