Obama ganó esta batalla, pero falta.
Aqui en EU
1/11/2013, midnight
El Presidente ganó este round... pero no la batalla. La solución del drama del abismo fiscal, con la primera subida de impuestos a los ricos en veinte años, no resuelve los problemas de fondo del déficit y los desequilibrios de la economía de Estados Unidos, que aflorarán en pocas semanas con nuevas amenazas para la estabilidad económica mundial.
Las dificultades de una acción política para encarar esos retos, demostradas enel doloroso acuerdo de fin de año, pueden dar lugar muy pronto a nuevas y aún más difíciles negociaciones para evitar lo que puede anticiparse como un "superabismo" fiscal.
En la noche del 31 de diciembre, mientras el Senado daba los últimos toques al pacto que sería aprobado y ratificado al borde la media noche del día 1 de enero por la Cámara de Representantes, el secretario del Tesoro firmaba una orden para la extensión provisional del techo de deuda del país, que necesitará aprobación del Congreso cuando alcance su tope definitivo en dos meses.
Los republicanos no van a conceder esa extensión sin la condición de fuertes recortes del gasto público, lo que puede poner al país, de nuevo, en el borde de la suspensión de pagos.
Barack Obama era consciente de ese peligro cuando, en la noche del martes, después de celebrar la aprobación del último acuerdo, advertía que si el Congreso se niega a darle al Gobierno la capacidad de pagar sus deudas a tiempo, las consecuencias para la economía mundial serán catastróficas en marzo, mucho peores de lo que hubiera sido el impacto del abismo fiscal.
La Casa Blanca y el Congreso evitaron en tiempo de descuento que se aplicara de forma automática una marcada subida de impuestos y drásticos recortes de gasto público. Pero lejos han quedado las grandes visiones para encarrilar la economía de la primera potencia mundial.
De hecho, el acuerdo solo evita una subida generalizada de impuestos aplazando dos meses la negociación sobre los ajustes en el gasto público.
También ha conseguido que se mantengan algunas prestaciones a los desempleados más desamparados, al programa de cobertura sanitaria y a otras políticas sociales.
En marzo empezará la negociación sobre recortes de gastos y sobre el techo de endeudamiento para evitar caer en un abismo presupuestario y de deuda, con consecuencias dramáticas. Los republicanos están atrapados entre su deseo de reducir las partidas destinadas a programas sociales y de preservar los militares.
Le tocará negociarlo a Obama tras la inauguración de su segundo mandato, y al nuevo Congreso, con una carga quizás menos radical por parte de unos republicanos que, sin embargo, querrán seguir manteniendo el pulso ideológico con la Casa Blanca sobre impuestos y gastos.
Con contabilidad creativa, la Administración puede ganar dos meses, pero no mucho más, y cabe recordar que en el verano de 2011 el país estuvo ya al borde de la suspensión de pagos, generando un enorme nerviosismo en el conjunto de la economía mundial.
Lo ocurrido refleja unas disfunciones políticas graves en la primera economía del mundo, cuando un presidente demócrata se enfrenta a un Congreso dominado por los republicanos.
Pero ambas partes se han empleado a fondo para lograr un acuerdo que salvara a la vez la situación ante lo que era consecuencia de unas rebajas de impuestos de la era Bush y de un cambalache político sobre recortes de gastos en 2011.
Todos han tenido que ceder. Obama ha logrado que subieran los impuestos a los más ricos.












