Quantcast
La Ganga Online
2:48 a.m., 8/22/2014 | 63°

Hora de ser mas Audaz


Actualidad

1/25/2013, midnight
Hora de ser mas Audaz

Barack Obama protestó el domingo 20 el cargo de Presidente de los Estados Unidos nuevamente ante el Presidente de la Suprema Corte dejusticia de su país. De hecho, es la tercera ocasión en que lo hace. Hace cuatro años tuvo que repetir la ceremonia pública porque se equivocó al pronunciar la fórmula del juramento.

El lunes 21 dirigió un mensaje a su país y al mundo desde las escaleras del Capitolio. No fue un discurso brillante pero, si confirma lo que dice, los próximos años serán bien distintos de los últimos.

Obama no tiene ya como horizonte una futura elección sino su legado histórico. El filósofo Alexis de Tocqueville, tan admirador como fue de la Constitución norteamericana, estaba convencido de que uno de sus errores más graves era admitir la reelección de sus presidentes. Pensaba que, si un Presidente tenía como horizonte el voto futuro, cedería ante los chantajes de la popularidad y olvidaría sus responsabilidades esenciales.

No es desdeñable lo que logró Obama en sus primeros años de gobierno, pero es muy poco frente a lo que se esperaba de su gestión. A pesar de haber logrado la reelección con relativa facilidad, el arranque de su segundo mandato está marcado por una polarización histórica. Unos los ven como un socialista que gasta y gasta el dinero ajeno; otros como el tímido reformista que se ha entregado a los conservadores. Unos indignados, los otros frustrados.

Obama sigue siendo visto como un político distante e indeciso, un gobernante atrapado en un régimen al que no puede cambiar.

Hace unos meses, enple-na campaña, el presidente de Estados Unidos expresó involuntariamente su rabia ante el dominio de la obstrucción: entendió que no se puede cambiar Washington desde dentro.

Tal vez ahí radica el primer aprendizaje de Obama. El fenómeno de su primera elección produjo tal vez un engaño en el Presidente: creer que las maravillas de su retórica, los encantos de su personalidad, podrían ser palancas de gobierno como fueron las catapultas de su campaña. No lo fueron y parece claro que el Presidente se ha percatado, finalmente, de ello.

No es que haya desaparecido la vocación negociadora, pero parece haber una mayor firmeza.

Desde que ganó la reelección ha mostrado una rudeza que no mostró en los cuatro años previos. En la negociación fiscal con los republicanos a finales del 2012, el Presidente jugó como no lo había hecho antes y se mantuvo en su determinación de elevar los impuestos para las personas de mayores ingresos. Al final del día, un número suficiente de republicanos dio su brazo a torcer. En las negociaciones que vienen, el Presidente parece continuar el mismo sendero.

También es llamativo el ímpetu con el que ha abordado el tema de las armas, tras los crímenes de Newtown. El antiguo negociador se emplea ahora en las artes de la polarización. Utiliza el argumento racional con su frialdad de siempre, pero incorpora una cuerda emocional para agitar la indignación frente al lobby de las armas.

Obama asume la responsabilidad. La determinación de regular la venta de armas cuenta con el respaldo de la mayoría de los ciudadanos pero enfrenta el rechazo de las orga-nizaciones más eficaces de Washington. Por eso cuenta como una determinación de pelea que puede hacer otra cosa del segundo mandato de Obama. Llegó el tiempo de la audacia.